Historia
Del bosque etíope al “C” de Nueva York
Revisado el 28 de octubre de 2026
Cada taza empieza como la semilla de una cereza, en un arbusto que alguna vez solo crecía en los bosques del este de África. Esta página la sigue desde allí hasta una ladera colombiana y luego hasta la pantalla de futuros en Nueva York que define cuánto le pagan al caficultor.
Los orígenes
El arábica, el café que se cultiva en Colombia, es originario de los bosques de montaña del suroeste de Etiopía, donde todavía crecen árboles silvestres bajo la sombra. Botánicamente es un híbrido natural de otras dos especies de café, y eso explica en parte por qué es más dulce y complejo que su primo, el robusta.
Seguramente has oído de Kaldi, el pastor cuyas cabras bailaban después de comer cerezas de café. Es una buena historia, pero es una leyenda: aparece escrita por primera vez en 1671, siglos después de que ya se tomara café.
Los primeros relatos confiables del café como bebida vienen de Yemen, a mediados del siglo XV, donde los místicos sufíes lo tomaban para mantenerse despiertos en los rezos nocturnos. Yemen también le dio al café su primer gran puerto comercial, Moca, un nombre que quedó pegado a la bebida mucho después de que el puerto decayera.
Cómo se extendió
Desde Yemen, el café viajó por las rutas de peregrinación y comercio del mundo islámico. En Estambul abrieron cafés en la década de 1550, y se volvieron lugares para conversar, jugar y discutir de política; por eso más de un gobernante intentó prohibirlos.
Europa siguió en el siglo XVII: Venecia, luego Oxford y Londres, después París y Viena. Durante un tiempo, Yemen protegió su monopolio exportando solo granos tostados o hervidos que no podían germinar. No le duró:
- Los holandeses sembraron café en Java en la década de 1690 y comenzaron las plantaciones en Asia.
- Los franceses llevaron una plántula a Martinica en la década de 1720; sus descendientes se regaron por el Caribe.
- Brasil recibió sus primeras plantas desde la Guayana Francesa en 1727 y, para el siglo XIX, ya era el mayor productor del mundo, como lo sigue siendo.
El café llega a Colombia
A los misioneros jesuitas se les suele dar el crédito de traer el café a lo que hoy es Colombia en el siglo XVIII; el sacerdote José Gumilla lo describió a orillas del Orinoco en 1741.
Las primeras exportaciones registradas salieron por la aduana de Cúcuta en 1835: unos 2.500 sacos, despachados río abajo hasta el lago de Maracaibo. El nororiente, Santander y Norte de Santander, fue la primera región cafetera.
Una historia local explica parte de esa expansión. Se cuenta que Francisco Romero, párroco de Salazar de las Palmas, les ponía a sus feligreses una penitencia poco común: en lugar de rezar rosarios, sembrar matas de café.
En el siglo XIX el centro de gravedad se movió al occidente. Familias antioqueñas colonizaron las laderas de la cordillera Central y fundaron pueblos en lo que hoy son Caldas, Risaralda y Quindío: el Eje Cafetero. Fueron sus fincas pequeñas y familiares, y no las grandes haciendas, las que le dieron forma al café colombiano: a comienzos del siglo XX el café ya era la principal exportación del país, y hoy lo cultivan más de medio millón de familias.
Las instituciones detrás del “Café de Colombia”
- 1927, la FNC. Los caficultores fundaron en Medellín la Federación Nacional de Cafeteros. Maneja la garantía de compra (compra el café a un precio publicado), el servicio de extensión y el Fondo Nacional del Café.
- 1938, Cenicafé. El centro de investigación de la FNC, que desarrolla variedades y estudia cómo cultivar y beneficiar el café.
- 1958, Juan Valdez. Un caficultor ficticio y su mula Conchita le dieron cara al café colombiano en el exterior, una de las primeras campañas en vender un origen en lugar de una marca.
- 1962–1989, los años de las cuotas. Con el Acuerdo Internacional del Café, países productores y consumidores fijaban cuotas de exportación que mantenían los precios estables. Cuando las cuotas terminaron en 1989, los precios se desplomaron, y a comienzos de los 2000 llegó una de las peores crisis cafeteras que se recuerden.
- 2005, Castillo. Cenicafé lanzó la variedad Castillo, resistente a la roya. Cuando la roya y las fuertes lluvias de La Niña golpearon en 2008–2011, la cosecha colombiana cayó por debajo de 8 millones de sacos, la más baja en décadas. La renovación con variedades resistentes recuperó la producción.
- 2007, origen protegido. “Café de Colombia” fue reconocido como Indicación Geográfica Protegida en la Unión Europea, uno de los primeros productos de fuera de Europa en lograrlo.
- 2011, UNESCO. El Paisaje Cultural Cafetero de Colombia, en Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca, fue declarado Patrimonio de la Humanidad.
Cómo se comercia el café hoy
El mundo produce unos 170 millones de sacos de 60 kg de café al año. Cerca del 60 % es arábica, cultivado en altura y apreciado por su sabor, y el 40 % es robusta, más resistente y amargo, usado en mezclas y café soluble. Brasil es de lejos el mayor productor, seguido por Vietnam (sobre todo robusta), y luego Colombia, Indonesia y Etiopía.
La mayor parte del arábica se cotiza a partir del contrato “C” de ICE Futures en Nueva York, en centavos de dólar por libra. El precio C es una referencia, no lo que se le paga a un caficultor: cada café se negocia con un diferencial, una prima o un descuento según su origen y calidad. El café lavado colombiano suele negociarse con prima.
El precio interno de referencia de la FNC que ves en nuestra página de mercado convierte todo eso a pesos. Parte del precio de Nueva York, le suma el diferencial colombiano, lo convierte con la tasa de cambio del día y se publica por carga de 125 kg de café pergamino seco. Por eso el ingreso del caficultor se mueve con dos números que no controla: Nueva York y el dólar.
Algunas fuerzas que hoy marcan el comercio:
- Cafés especiales. Los compradores pagan más por lotes trazables que puntúan bien en catación, lo que premia el cuidado en la finca y en el beneficio.
- Certificaciones como Fairtrade y Rainforest Alliance suman requisitos y, a veces, una prima.
- El reglamento europeo contra la deforestación (EUDR) obligará a los importadores a demostrar que su café no se cultivó en tierras deforestadas después de 2020. Tras dos aplazamientos, empezaría a aplicarse el 30 de diciembre de 2026 para la mayoría de las empresas.
- La parte del caficultor. Del precio de una taza vendida en un café en el exterior, solo una pequeña parte le llega a quien la cultivó; la mayor parte del valor se agrega después de que el café sale de la finca: la tostión, la marca y el propio café.
Fuentes
- Mark Pendergrast, Uncommon Grounds: The History of Coffee and How It Transformed Our World (Basic Books, 3.ª ed. 2019).
- Ralph S. Hattox, Coffee and Coffeehouses: The Origins of a Social Beverage in the Medieval Near East (1985).
- Marco Palacios, El café en Colombia, 1850–1970: una historia económica, social y política (4.ª ed. 2009).
- Federación Nacional de Cafeteros, historia del café de Colombia.
- Cenicafé, publicaciones sobre variedades y la epidemia de roya de 2008–2011.
- Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO, Paisaje Cultural Cafetero de Colombia.
- Organización Internacional del Café, informes del mercado.
- Unión Europea, Reglamento (UE) 2023/1115 sobre productos libres de deforestación, modificado por el Reglamento (UE) 2025/2650.